Ahhhhh que se puede decir de estos palitos azucarados. Son mi debilidad. Para el mate, los compañeros ideales. El anis no es bien visto por algunos, por su sabor particular, pero cuando te amigues serán parte de tu familia. Amor para siempre. El anis tiene además efectos beneficiosos para el sistema digestivo. Asi que te enseñaremos como prepararlos. Pero antes de encender el horno, te contamos de dónde viene este aroma que nos transporta inmediatamente a la cocina de la abuela.
El uso del anís en la pastelería no es un invento moderno; de hecho, debemos viajar miles de años atrás, hasta la Antigua Roma, para encontrar sus orígenes. Los romanos fueron verdaderos pioneros en el uso de semillas aromáticas. Ellos preparaban un pastel especial llamado mustaceus, que se servía al final de los banquetes para facilitar la digestión después de las copiosas comidas. Este pastel llevaba harina, mosto de uva y, por supuesto, una generosa cantidad de anís.
Con la expansión del Imperio, esta costumbre de aromatizar masas con anís se extendió por toda la cuenca del Mediterráneo. En España, esta tradición caló hondo, fusionándose más tarde con la influencia árabe, que aportó técnicas de fritura y glaseados almibarados. Fue así como estas rosquillas y palitos cruzaron el océano y llegaron a nuestras tierras, convirtiéndose en un símbolo de la merienda criolla. Hoy, morder un palito de anís es, en cierta forma, conectar con esa historia milenaria que los romanos llamaban el secreto de la buena digestión y que nosotros llamamos el sabor de la infancia.
La magia de esta receta reside en su capacidad para equilibrar lo dulce del glaseado con el frescor punzante de la semilla. No es solo un bizcocho; es una pieza de panadería artesanal que requiere respeto por los tiempos de levado. Al preparar estos palitos, no solo estamos cocinando, estamos creando recuerdos. El aroma que desprende el anís al entrar en contacto con el calor del horno tiene el poder de detener el tiempo y hacernos olvidar el estrés del día a día.
En muchas regiones, estos palitos se conocen también como rosquillas de palo o bastoncitos de pan dulce. Lo cierto es que, sin importar la forma que les des (rectos, retorcidos o en círculo), el resultado siempre evoca esa sensación de calidez hogareña. Es el tipo de preparación que te invita a sentarte, calentar el agua para el mate y compartir una charla larga. Además, como bien mencionamos, el anís es un aliado fantástico para nuestro cuerpo, ayudando a reducir la hinchazón y mejorando la digestión, lo que nos da la excusa perfecta para comer uno... o tres.

Receta
Ingredientes
Para la masa
- 15g de levadura seca
- 500g de harina 0000
- 50g de azúcar
- ½ cucharada de sal
- 50g de mantequilla
- ½ cucharada de extracto de malta
- 2 huevos
- 100c.c. de leche
- 1 cucharada sopera de anís
- Harina (para espolvorear)
- Mantequilla (para la placa)
Para el glaseado
- 2 claras
- 500g de azúcar impalpable / glas
- ½ limón
Elaboración paso a paso
- Forma una corona con el harina y la levadura seca.
- Coloca el azúcar, la mantequilla, la sal y el extracto de malta en el medio.
- Integra los ingredientes con ayuda de tus dedos o con una cuchara y añade los huevos.
- Mezcla nuevamente y vierte la leche.
- Amasa hasta obtener una masa suave y homogénea y forma un bollo con la misma.
- Enharina un recipiente y coloca el bollo en el interior.
- Cubre con papel film y deja levar hasta que duplique su volumen.
- Una vez que la masa de los palitos de anís haya levado, estira sobre una mesa enharinada hasta conseguir un rectángulo de al menos 40cm de largo y 30cm de ancho.
- Espolvorea con anís y dobla por la mitad.
- Amasa nuevamente para que se integre el anís y deja levar durante 30 minutos más.
- Estira la masa con un palote hasta llevar a un centímetro de espesor y corta en tiras iguales para formar los palitos de al menos 1.5cm de ancho.
- Engrasa la placa para horno con mantequilla y coloca los bastoncitos de anís. Si deseas puedes retorcerlos para darle forma de tirabuzón.
- Deja levar nuevamente durante 30 minutos y lleva a horno precalentado a temperatura media entre 10-15 minutos.
- Retira y deja enfriar.
Glaseado
- Bate las claras en un recipiente junto con el azúcar impalpable y el zumo de ½ limón hasta formar un glaseado. (Podes cambiar el jugo por naranja)
- Sumerge los palitos de anís en el glaseado y deja endurecer sobre una rejilla en la nevera.
Para que estos palitos queden verdaderamente profesionales, el secreto está en la consistencia del glaseado. Si notas que queda muy líquido, añade un poco más de azúcar impalpable; debe tener esa textura densa que, al secarse, forme una costra blanca y crocante que se rompa al primer bocado. Ese contraste entre el bizcocho tierno y el azúcar crujiente es lo que vuelve locos a todos.
Si eres de los que disfrutan experimentar, puedes probar sustituyendo parte de la leche por una cucharada de licor de anís para intensificar aún más el perfil aromático. Y si prefieres una versión menos dulce, puedes glasear solo la mitad del palito, dejando una parte de la masa al desnudo. Sea como sea, asegúrate de guardarlos en un recipiente hermético para que mantengan su frescura, aunque seamos sinceros: con lo ricos que son, es poco probable que sobren para el día siguiente.
Anímate a recrear esta receta milenaria en tu cocina. No solo estarás haciendo un dulce, estarás manteniendo viva una tradición que ha viajado desde los banquetes imperiales de Roma hasta nuestras mesas modernas. Es tiempo de recuperar esos sabores que nos hacen felices.